Parto y nacimiento de Khala

Y aquí tenéis a mi bichito, sí, ésta es Khala. Una niña fuerte, con carácter, graciosa y preciosa.



Tal y como dicen en un parto no solo nace un bebé sino también una madre... y mi versión como madre es éste relato que escribí a los pocos días de "nacer":




En los últimos meses he leído muchos relatos de partos, tenía ganas de explicar lo que he vivido pero también miedo. Pero me he propuesto entrenarme en esto de reconocer miedos: a veces veo que nos seguimos juzgando demasiado y demasiado duramente. Hay que ser una madre/mujer perfecta: colecho, lactancia materna, parto no medicalizado… sabemos que es lo “mejor” sí, pero ¿entendemos que no es lo “mejor” en todos los casos?

En fin, el caso es que las ganas han superado a los miedos. Al tema ;)

Mi pareja, Iago, y yo nos decidimos a contratar a un equipo de matronas para llevar el parto en casa. Es algo que llevaba pensando desde hace años, sabía que si me quedaba embarazada mi primera opción sería esa porque me parece muy desagradable (por dar un calificativo suave) el trato que recibimos como embarazadas por algunos profesionales sanitarios.
No nos equivocamos ya que han sido y son un equipo excepcional, ya casi como de la familia. Si no hubieran estado ahí nos veríamos perdidísimos, más de lo que ya estamos como padres primerizos.
Acudimos con ellas a las visitas y la preparación al parto. Todo por supuesto con mucha ilusión, en ellas conocimos a otros padres con los que hemos podido compartir nuestras inquietudes y alegrías. Bendita “tribu” de la que tan faltos estamos.
Aún así el embarazo no fue del todo fácil: hubo temas médicos un poco delicados de por medio, intervención, una anemia pesadita… insomnio y mucho cansancio. Molestias típicas algunas de ellas de las que sentía no podía quejarme porque era una “floja”, eso me ha acompañado todo el embarazo. En realidad más que eso…
Salía de cuentas el miércoles 28 de septiembre y aproximadamente a la 1 de la noche del 26 al 27 rompí aguas. Color rosáceo pero claro, bien. No fue algo escandaloso por lo que tuve algunas dudas, el caso es que no dormí y ya de día empezaron las primeras contracciones algo dolorosas. Con cada contracción iba perdiendo líquido amniótico, poca cosa al principio.
Roser, una de mis comadronas, me recomendó salir a dar una vuelta y relajarme, así que eso hice. Entre medio de contracciones que me iban dejando cada vez más clavada fui a comprar y la cosa iba en aumento pero también la sensación de “borrachera”. Algo dolorida pero Feliciana, bien, esto pinta bien de momento.
A la noche cenamos y nos fuimos a la cama con la intención de dormir pero el dolor iba creciendo y, nuevamente, cerca de la 1 de la madrugada empezaron lo que para mi eran contracciones muy fuertes. Digo “para mi” porque no creo haber pasado nunca antes un dolor fuerte. Ni tan siquiera me he roto un hueso, y dudo, siempre dudo por hecha mierda que esté.
Las contracciones eran intensas pero no regulares así que aún no llamamos a las comadronas, pero a medida que avanzaba la noche iban acercándose.
Cuando llevaba aprox. 1h teniéndolas cada 4-5 min. le pedí a mi pareja que llamara a Gaia, mi comadrona de referencia y un verdadero ángel, la que me recomendó darme una ducha para comprobar si paraban o aumentaban. El resultado fue igual. Es decir las mismas contracciones y con la misma regularidad, me asusté y decidí que mejor volver a llamar.
Eran las 5 de la madrugada y llegaba Gaia a casa a comprobar como avanzaba la cosa y ¡oh sorpresa!… las contracciones empezaron a disminuir de intensidad y a espaciarse. No me lo podía creer. Sentí algo de rabia y me supo fatal por haberla avisado siendo una “falsa alarma”. Para más inri decidimos hacer un tacto con el cual supimos que, aunque había madurado cuello de útero, tan solo había dilatado 2cm.
Nos comentó que la prueba de fuego para saber si el parto había comenzado sería esperar al día. Ya sabéis, oxitocina y luz no se llevan del todo bien. Pero seguí con las mismas hasta el mediodía, solo que más espaciadas y en diferentes intensidades. De hecho en todo el día no dejé de tenerlas, muy irregulares pero me impedían dormir.
A la tarde conseguí dormitar durante unos minutos entre contracciones pero seguía igual y cada vez más cansada. Todo apuntaba a que la noche iba a ser movidita.
Y así fué, y otra vez cerca de la 1 de la madrugada volvieron. Ésta vez no tuve dudas, tras otra llamada a nuestra querida Gaia volví a meterme en la bañera con el agua cayéndome por la espalda y entré en un estado extrañísimo en que perdí la noción del tiempo y de mi entorno. Recuerdo retorcerme, abrir y cerrar el tapón de la bañera para dejar que el agua siguiera corriendo en mi espalda, gruñidos, recuerdo velas y olor a incienso… y me recuerdo mucho sacudiendo la cabeza en cada oleada de dolor.
Es curioso, sentía dolor, pero no. Era como un trance. También recuerdo la mala leche y que todo me diese igual.
Volvió Gaia, olí la esencia de naranja que me colocó en la frente. Me dejé ir pero me sentí tremendamente agotada. Aunque el dolor no me afectaba, sí el sueño, y no conseguía descansar en la bañera así que me instaron a irme a la cama a tumbar y dormir.
¿Dormir? ¿en serio? ¿alguien puede descansar así? Tercer día sin dormir. Fue salir y volver el dolor punzante y ahí fui consciente que no podría aguantar, era demasiado y estaba hecha polvo.
Pedí traslado al hospital y se decidió avisar antes a Roser para valorar la situación. Otro tacto y vimos que tan solo estaba de 3cm…
(Paréntesis: había escuchado decir a todo el mundo que los tactos eran dolorosos. He podido comprobar que no lo son cuando se hacen “bien” y no con el poco cuidado que lo hacen algunos profesionales)
Después de una charla con Iago y unas cuantas súplicas decidimos ir a la Vall d’Hebrón, nuestro hospital de referencia.
Eran las 7 de la mañana. Los recuerdos se vuelven otra vez difusos: algún grito en el coche de Roser y en la sala de espera y entré en el paritorio sola. No sé el tiempo que estuve dentro esperando y contestando y haciendo preguntas, solo sé que se me hizo eterno porque no estaba Iago y no podía entrar hasta que no me pusieran la anestesia.
Por suerte me tranquilizaron las palabras de todo el personal en el paritorio. No me sentí juzgada en ningún momento, todo fue con mucho tacto y me aclararon que no me harían nada sin saberlo. Silvia, la comadrona que atendió todo mi parto tubo una disposición genial, fue un encanto y contestó mis preguntas sin poner ninguna pega.
En cuanto me pusieron la epidural vi pasar a Roser y a mi pareja por la puerta. Solo podía quedarse Iago así que nos despedimos de ella. Después de la epidural las contracciones se relajaron (muy típico) así que tuvieron que tirar de oxitocina sintética. Tenía miedo a que ni aún así dilatase y se decidiése hacer cesárea, pero en el siguiente tacto al fin me dieron buenas noticias y comprobé como ya estaba por los 6cm.
El parto en el hospital duró unas 7h. Hubo un expulsivo relativamente corto pero con una bradicardia incluida que nos asustó un poco pero todo mereció la pena.
Después del último empujón pudimos verla: Khala. -¡Qué bonita! Dijimos los dos. Increiblemente preciosa, ¡no me la imaginaba así! Lloré y no sabría describir lo que sentí. Todas las frases que escuchamos a los padres decir de sus hijos son ciertas... se les quiere al instante. La veía y ella miraba a Iago con cara entre curiosa y cabreada. Sí, salió enfadada la pobre, tampoco me extraña.
Pero esa sensación de que al final todo había salido como tenía que ser no me abandona.
Recordé la frase que me dijo un doctor en urgencias meses antes: - Estás aquí para algo. Tu vida tiene un porqué. Algo parecido me dijo Gaia en la siguiente visita: ahora ya sabes porque has venido al mundo.


Hubiera alargado todavía más este relato, con el trato en planta (nada que ver…), con las primeras impresiones sobre la lactancia y postparto, etc. Pero en otra ocasión.
Termino: en mi vida he tenido muchas veces la impresión de que las cosas me han salido muy diferentes a como las había planeado. Pero que siempre han salido, con un resultado mucho mejor del que podía soñar. Salgan como os salgan: disfrutad todo lo que podáis del momento. Si vuestro parto es natural, medicalizado o una cesárea: vividlo. Puede haber dolor pero no dejéis que llegue a sufrimiento. Cuando toméis una decisión procurad que os compense y sea la que os hace más feliz ya que si lo estáis vuestro entorno también. Que las críticas y juicios no os afecten.
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Quiero dar las gracias a todo el equipo de NAC, no se que habríamos hecho sin vosotras. Os quiero mucho.

Y quiero dar las gracias a Iago. Eres tan GRANDE. Nunca imaginé que existiese alguien como tú. Ni me imagino a nadie mejor con el que compartir esto. Me has descubierto el AMOR en mayúsculas. He querido pero no sabía que podía amarse así. Has aparecido descubriéndome otra manera de ver el mundo, de vivir. Gracias mi compañero de vida.


4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu entrada y experiencia :) Yo tambien me quiero animar pero tengo bastantes dudas de ello (además, de un poquito de miedo..., no lo voy a negar, jejeje, sobre todo si será algo grande para mí, si estaré a la altura..., aunque creo que la experiencia valdrá mucho la pena), pero gracias a tí, me has resuelto bastante de ellas... Un besito y tu niña es preciosa :)

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  2. Felicidades tienes una niña preciosa!!

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  3. Como te dije en la anterior entrada, muchas gracias por compartir un momento tan íntimo con nosotras. Tienes una nena preciosa, tú eres muy fuerte (seguramente más de lo que te creías, ¿no?) y me has emocionado con las palabras que le has dedicado a tu chico. A seguir siendo feliz. Un besote

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  4. Precioso relato, me dejas con la piel de gallina. Un beso a la familia!

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